[ESP] Baronía de Havelock

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    • [ESP] Baronía de Havelock

      Prólogo

      Se paseaba cabizbajo por el salón, arrastrando los pies, murmurandoalgo. Se detuvo al llegar a la chimenea, observó el fuego durante uninstante para después alzar la vista hasta contemplar su estandarte.Las llamas se reflejaron en sus ojos mientras miraba con orgullo elsímbolo de su casa.
      El crepitar delfuego se vio interrumpido por el ruido que produjo un hombre entrandoen la habitación. Las botas metálicas y el rechinar de la armaduraresonaron por todo el salón.

      - ¡Barón! Estamos listos, señor-dijo el hombre que acababa de entrar.

      - Vuelve a la formación mariscal-dijo con la mirada fija de nuevo en el fuego, agitando su copa de vino.

      El caballero saliósin decir nada, cerrando la puerta tras de sí, dejándolo de nuevosolo. El barón se recompuso, dejó la copa sobre la mesa y siguiólos pasos del caballero. Una racha de aire gélido le golpeó la caracuando abrió la puerta para salir al patio de armas. Ante supresencia, el mariscal dio la orden de firmes y los caballeros yhombres de armas se colocaron en posición casi al unísono.
      A pesar de que susfuerzas eran poco numerosas, el barón las observó con orgullo. Surostro esbozó una leve sonrisa mientras se colocaba frente a laformación, a la izquierda de su lugarteniente.

      - ¡Mariscal, luzca el estandarte bien alto!-gritó lanzando un gesto con el brazo sin siquiera mirarlo.

      El toro rampanteblanco ondeaba mientras paseaban junto a los caballeros. Sonrió,casi por compromiso, al pasar junto a algunos de sus familiares ymiró con detenimiento a los jóvenes caballeros que formabaninquietos. Después paso junto a los campesinos, corrigiendo lasposes de algunos de ellos.
      Cuando termino depasar revista volvió a su lugar de mando.

      -Philippe, termine con esto-dijo el barón casi murmurando mientras daba la espalda a la formación para volver a internarse en su torreón.

      Cerró la puerta tras de sí. Los gritos del mariscal eran audibles incluso dentro del torreón. El barón volvió a coger su copa,terminó de bebérsela de un trago, la arrojó lejos y se sentó ensu sillón, apoyando la cabeza sobre su mano derecha. Ver a sustropas en formación había hecho que imágenes de batallas gloriosasse abalanzaran sobre su mente. Gloriosas sí, pero lejanas.

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